Monthly Archives - noviembre 2019

Uso y mal uso de antibióticos

Es preciso establecer de antemano que las bacterias, virus, hongos y cualquier microorganismo oportunista tiene la habilidad de modificar su estructura molecular para protegerse a sí mismo de antibióticos. Es un proceso natural que requiere varias generaciones de virus. Los problemas surgen cuando la velocidad de adaptación es anormalmente alta, debido al abuso en el consumo de ciertos medicamentos destinados a combatir una enfermedad en apariencia “sencilla”.

La Organización Mundial de la Salud aprobó, en mayor de 2015, un plan inmediato con varios ejes de acción: sensibilización, vigilancia, investigación eficaz, optimización e inversión sostenible. El fin último de tal iniciativa reside en la paulatina regresión de amenazas latentes, así como tratamiento efectivo y seguro contra cualquier enfermedad.

¿Por qué los patógenos adquieren resistencia?

Todo ser vivo está sujeto a un proceso de mutación, en el cual existen cambios radicales de la composición genética como respuesta a las condiciones del entorno. Para los microorganismos patógenos, este cambio se traduce en resistencia al tratamiento indicado. Aunado al elevado uso de ciertos antibióticos, la automedicación contribuye a que bacterias, virus, hongos y protozoarios muten demasiado rápido, causando afectaciones mayores tanto al paciente como su círculo inmediato.

Cuando un paciente es infectado por la versión resistente de la enfermedad, el tratamiento se vuelve más costoso para las instituciones de salud y él mismo, pues el médico tendrá la necesidad de utilizar tratamientos invasivos. Incluso éstos no son garantía de curación, pues la enfermedad podría llegar a un punto de no retorno en el que se vuelve muy difícil -incluso imposible- aliviar los síntomas. Padecimientos como la neumonía, tuberculosis, septicemia, gonorrea o de transmisión alimentaria han encontrado formas de evadir el efecto de los medicamentos creados para tal fin.

Di no a la automedicación

Todos podemos ayudar al mejoramiento del problema. En primer lugar, resulta imprescindible abandonar prácticas y costumbres respecto al autoconsumo de medicamentos sin receta médica. Diversas jurisdicciones alrededor del mundo, como México, restringen la venta de antibióticos mediante la receta médica correspondiente. A pesar de los esfuerzos, aún pueden adquirirse prescripciones fraudulentas o medicinas guardadas. La OMS también recomienda evitar la ingesta de tratamientos que hayan sobrado a otro paciente.

Referencias

http://who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/resistencia-a-los-antibióticos

 

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La neumonía

Entre todas las enfermedades que pueden afectar el sistema respiratorio, la neumonía ocupa un lugar predominante por la gravedad del diagnóstico y la prevalencia de los agentes que causan problemas. Tiene un potencial de mortalidad alto en personas mayores e infantes, debido al severo compromiso de sus defensas, las cuales son incapaces de detener el avance del virus o bacteria responsable. Se estima que la neumonía causa el 15% de las defunciones entre infantes menores de 5 años alrededor del mundo.

Esta enfermedad no distingue edad: puede transmitirse de persona a persona si existe contacto directo con los fluidos pulmonares (saliva, tos, flemas), y según datos de la OMS la prevalencia es mayor en África y Asia meridional. No obstante, las complicaciones médicas, el tratamiento ayuda a que los pacientes logren recuperar a plenitud su salud mientras sigan a rajatabla las indicaciones médicas.

Líquido en los pulmones

Son tres los principales responsables de la neumonía: el Streptococcus pneumoniae (neumococo), el hongo Pneumocystis jiroveci y en menor medida, algunos tipos de influenza. Condiciones sanitarias como el tabaquismo, enfermedad pulmonar crónica, cirugías recientes, trasplante de órganos y complicaciones del VIH son factores para que los síntomas se desarrollen con mayor rapidez. Algunas condiciones físicas como la contaminación ambiental, hogares hacinados sin higiene regular, el contacto con personas portadoras de los hongos y virus, y la debilidad del sistema inmune ayudan al desarrollo de los microorganismos.

Cuando una persona desarrolla neumonía, los alveolos -pequeños sacos que absorben el oxígeno y lo dirigen al torrente sanguíneo- se llenan de líquido o pus, lo cual dificulta su función e incluso pone en peligro al paciente porque dificulta la transferencia de aire. Aunado a ello, la respiración se torna dolorosa debido a que la presión en los sacos es agravada por acción del diafragma.

Podemos combatirla con facilidad

Según el tipo de infección, será el tratamiento. Medicamentos como la amoxicilina oral son efectivos contra el neumococo y algunas bacterias. Los casos graves ameritan hospitalización inmediata, sobre todo para preservar la vida del paciente y evitar otras complicaciones como un paro respiratorio o convulsiones, en el caso de infantes. Prevenir siempre será la clave de unos pulmones saludables: higiene doméstica, la vacunación, el correcto lavado de manos, entre otros.

Referencias

https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/pneumonia

https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/000145.htm

 

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